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Mario Molina: autoridad global en la protección del medio ambiente Mario Molina: autoridad global en la protección del medio ambiente
Mario Molina se convirtió en el primer mexicano en recibir el Premio Nobel de Química 1995, por su trabajo sobre la capa de ozono.... Mario Molina: autoridad global en la protección del medio ambiente

Mario Molina se convirtió en el primer mexicano en recibir el Premio Nobel de Química en 1995, por su trabajo sobre la capa de ozono. Fue uno de los pioneros en investigar la química atmosférica. Apoyó el trabajo para atacar la contaminación del aire en la Ciudad de México e impulsó estudios sobre cambio climático.

tan alto reconocimiento, y tras darse cuenta de las consecuencias de su investigación decidió seguir trabajando.

Los clorofluorocarburos (CFCS), usados por ejemplo en aerosoles, por mucho tiempo fueron considerados como milagrosos por sus ventajas; sin embargo, han causado serios impactos al medio ambiente y han sido dañinos para la salud humana.

En 1973, el doctor Sherwood Rowland planteó las consecuencias del uso de estas partículas químicas que se esparcían en envases de aerosol. A la par, Mario Molina[2] desarrolló sus investigaciones en torno a la calidad del aire y los problemas que los CFCS generan. Los primeros resultados de ambos químicos daban cuenta que los CFCS se alojaban con rapidez en la atmósfera, lo cual quería decir que, de seguir con el esparcimiento de dichas partículas, en 30 años era posible destruir entre el 20 y 40% de la capa de ozono de la tierra.

EL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA MIRA DE UN MEXICANO

Los estudios e indagaciones de ambos científicos fueron publicados en la revista Nature con el objetivo de despertar el interés de la opinión pública, algo que no tuvo mucho éxito. “A pesar de haber revelado algo grave, todo el mundo seguía su vida como si nunca se hubiera hecho pública una noticia de este nivel de gravedad”.[3]

Tuvieron que transcurrir diez años hasta que sus investigaciones encontraron eco ante la evidencia de un hecho irreversible: el cambio climático. Este descubrimiento llevaría a Mario Molina a hacerse acreedor de más de 42 doctorados Honoris Causa y 48 distinciones, entre ellas el Premio Nobel de Química en 1995 por sus investigaciones sobre la química atmosférica y la predicción del adelgazamiento de la capa de ozono como consecuencia de la emisión de ciertos gases. Así, el mexicano se convirtió en la máxima autoridad en lo que se refiere al cambio climático.

¿QUIÉN ERA MARIO MOLINA?

Mario Molina Pasquel nació un 19 de marzo de 1943, siendo el menor de cuatro hijos. Su padre, Roberto Félix Molina, fue un famoso abogado que desempeñó el cargo de embajador en Australia, Filipinas y Etiopia. Su madre, Leonor Henríquez, falleció cuando él era niño.

Su formación como científico se vio influenciada por una tía paterna, quien al darse cuenta de su interés por la química “me empezó a ayudar a hacer experimentos más sofisticados”, comentaba el químico mexicano. Era tal su pasión por esta ciencia que siendo adolescente montó su primer laboratorio en el baño de su casa.

Egresado de Ingeniería Química por la Universidad Nacional Autónoma de México en 1965, cursó dos años después un posgrado en la Universidad de Friburgo en Alemania y se doctoró en Fisicoquímica en 1972 por la Universidad de California en Berkeley, EE. UU. Al término de su doctorado, el doctor Rowland lo invitó a pasar una estancia posdoctoral en la Universidad de California en Irvine gracias a que ambos desarrollaban la química fundamental de forma parecida, pero con herramientas distintas. Durante su estancia Mario se involucró de lleno en el estudio de la química atmosférica. Ambos compartían la idea “de usar nuestro conocimiento sobre ciencia muy fundamental en algo que tuviera un impacto más directo en la sociedad”.

Cabe destacar que desde 1950 comenzaron las primeras investigaciones sobre la capa de ozono ante la sospecha de que los contaminantes generados por la humanidad la estaban afectando. De esta manera, a principios de los setenta, Mario Molina empezó a trabajar en investigaciones sobre los contaminantes y la capa de ozono. Molina aseguraba que “nuestro planeta tiene una capa que nos protege de las radiaciones solares; la vida como la conocemos no hubiera podido evolucionar sin esa protección, pero esa capa es vulnerable”.

COMIENZA EL DAÑO AMBIENTAL

A principios del siglo XX se empezaron a desarrollar tecnologías para la fabricación de productos como los refrigeradores que utilizaban fluidos que eran tóxicos. Por ello, en la primera mitad del siglo se buscaron otros compuestos para sustituirlos, derivando en los CFCS, que no existían en la naturaleza, pero que fueron sintetizados en laboratorios químicos para su uso en aerosol, algo muy popular en EE. UU.

A partir de entonces comenzó su emisión a la atmósfera, aparentemente sin ningún efecto significativo para el medio ambiente. De hecho, se creía que por la calidad de los productos éstos no llegarían muy alto; sin embargo, el movimiento del viento demostró que sí era posible. Es entonces que, tras medir las emisiones de la producción industrial y las substancias sintéticas, fue posible darse cuenta de que no sólo se estaban acumulando en la atmósfera, sino que eran tan estables que los procesos naturales que limpian el aire no funcionaban para eliminarlos.

En sus investigaciones, Mario y Rowland descubrieron la presencia de una substancia sumamente activa: el cloro. De ahí el interés por saber qué pasaba cuando los CFCS alcanzaban la parte superior de la atmósfera, en donde el impacto de la radiación solar es mucho más fuerte. Cundo encontraron que en la capa superior de la atmósfera existía una cierta concentración de ozono, ambos decidieron publicar su hallazgo y revelar que la fotodisociación de los clorofluorometanos en la estratosfera produce cantidades significativas de átomos de cloro que conducen a la destrucción del ozono atmosférico.

EL COMIENZO DE UNA REVOLUCIÓN ECOLÓGICA

Las investigaciones de estos químicos destacados llegaron al Senado de Estados Unidos. Mario Molina asistió al Congreso de ese país para defender su trabajo de investigación, lo que marcaría el inicio de una revolución ecológica. Para defender y validar su teoría, Molina decidió exponerla frente a la comunidad científica. Más tarde él y Rowland serían invitados por el Lawrence Radiation Laboratory para también probarla.

Esta labor era imposible de realizar como mexicano, por lo que Mario tuvo que renunciar a su nacionalidad, pues en ese entonces México no aceptaba la doble nacionalidad. Como norteamericano pudo continuar sus trabajos de investigación dentro del gobierno de aquel país. Poco a poco se fueron acumulando otros estudios que respaldaron su investigación y demostraban la urgencia de tomar acciones para proteger el ambiente.

Estos resultados les permitieron plantear frente a las Naciones Unidas la necesidad de actuar rápidamente, tras confirmarse en 1985 la existencia de un agujero en la capa de ozono mucho más grande de lo que se imaginaba. Con este descubrimiento, el Servicio Antártico Británico probó que Molina y Rowland estaban en lo cierto. Desde entonces se generó un movimiento para hacer ver la necesidad de reducir cuanto antes las emisiones de estos gases, de lo contrario la severidad del problema —la ausencia de ozono— iba a empeorar, por lo que la solución debía ser global.

Finalmente, lograron convencer tanto a la comunidad científica como a los industriales de la problemática. A esto se sumó un movimiento social de grandes dimensiones en Estados Unidos para protestar contra el uso de los clorofluorocarburos. También, una serie de países tomaron conciencia del problema. Es entonces que la industria, la diplomacia y los científicos se reunieron para hablar y buscar resolver este problema de forma colaborativa y realmente ejemplar. Tras esto se alcanzó un acuerdo internacional: se invitaría a gobiernos y a la industria a reducir el uso y emisión de gases clorofluorocarburos.

Lo que el mexicano de nacimiento provocó fue una revolución a nivel global que implicó la reconversión industrial. Dichos cambios se vieron plasmados en el Protocolo de Montreal, ratificado por 191 países y que prohíbe la utilización de los CFCS.

EL NOBELALICIENTE PARA TRABAJAR POR EL MEDIO AMBIENTE

A partir de 1976, los trabajos de Molina empezaron a ser reconocidos, siendo el primero el Reconocimiento Especial por las Contribuciones en Investigación Básica de la Asociación de Alumnos de la Universidad de California. Un día de 1995 recibió una misteriosa llamada desde Noruega de parte del Comité del Nobel, de la cual Mario Molina comentó que “al principio creí que era una broma de uno de mis colegas”. De esta manera se convirtió en el primer mexicano en recibir tan alto reconocimiento, y tras darse cuenta de las consecuencias de su investigación decidió seguir trabajando.

Después trabajar como profesor del MIT en Massachusetts, Molina decidió recuperar su nacionalidad mexicana para volver a su país natal y crear en 2004 el Centro Mario Molina para Estudios Estratégicos sobre Energía y Medio Ambiente A. C. en la UNAM, el cual presidía desde entonces. Esta organización busca encontrar soluciones prácticas, realistas y de fondo a problemas relacionados con la protección del medio ambiente, el uso de la energía y la prevención del cambio climático a fin de fomentar el desarrollo sustentable.


[1] Consultora en Comunicación y RSE.

[2] Entrevistas, videos y notas informativas recuperadas del Centro Mario Molina <http://centromariomolina.org>.

[3] (21 de mayo del 2013), Le Figaro.

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Bertha Eugenia Sotres Mora