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Ludwig van Beethoven: a 250 años del ídolo de todos los tiempos Ludwig van Beethoven: a 250 años del ídolo de todos los tiempos
Ludwig van Beethoven. Este 2020 se cumplen 250 años del nacimiento de este compositor, director de orquesta y virtuoso pianista alemán, el más reconocido... Ludwig van Beethoven: a 250 años del ídolo de todos los tiempos

Ludwig van Beethoven nació en Bonn, Arzobispado de Colonia, Alemania, el 17 de diciembre de 1770.[1] Este 2020 se cumplen 250 años del nacimiento de este compositor, director de orquesta y virtuoso pianista alemán, el más reconocido y famoso en la historia de la música, cuyo arte ha trascendido por más de dos siglos siendo su obra una de las más interpretadas a nivel mundial. El legado musical de Ludwig van Beethoven abarca desde el final del clasicismo vienés (posterior a Haydn y Mozart) hasta los inicios del romanticismo e influyó en diversas obras musicales del siglo XIX gracias, sobre todo, a sus nueve sinfonías que fueron la principal fuente de su popularidad.

Su producción, compuesta por 240 obras, incluye piezas para piano (32 sonatas de piano), música de cámara (obras para conjuntos instrumentales de dos a ocho miembros), concertantes (conciertos para piano, violín y triple), música sacra(dos misas y un oratorio), incidental (una ópera: Fidelio, un ballet y música para obras teatrales) y orquestal (nueve sinfonías que ocupan un lugar preponderante).

El genio después de Mozart

Desde muy corta edad, su padre, quien lo presionó para que fuese un niño prodigio, comenzó a enseñarle piano, órgano y clarinete. En vez de asistir a la escuela, se quedaba en casa para practicar música, lo que lo alejó de otros niños. Así, con siete años ofreció su primer concierto y ya con 12 empezó a componer piezas con nombres raros y extravagantes como Canción a un bebé y Elegía por la muerte de un pudel.

En 1972 se mudó a Viena, donde pudo vivir de su trabajo y en donde paso sus últimos días. A los 27 años comenzó a perder el oído y a los 48 se quedó totalmente sordo y enfermó de tinnitus. Pese a su condición nunca dejó de componer, pues tenía el don de un gran oído, por lo que pudo imaginar en su mente los sonidos y la armonía. Fue un perfeccionista que no compuso para sus contemporáneos, sino para generaciones futuras; además, luchaba, corregía y trabajaba obsesivamente en busca de la partitura perfecta. Ahora, 195 años después de su muerte, se ha convertido en el compositor más interpretado de la historia.

Por sufrir de mucho dolor, durante toda su vida fue tachado de raro, gruñón, osco y solitario, para muchos de sus biógrafos estas etiquetas son una forma injusta de recordar a este gran genio de la música que falleció el 26 de marzo de 1827 a los 56 años, quizá, de cirrosis.[2] A su funeral asistieron 20 mil personas, entre ellas Franz Schubert, quien formó parte del cortejo y cargó el féretro.

Misterios alrededor de este gran genio

Beethoven fue uno de los artistas y compositores más populares de su época; de hecho, se puede decir que fue un ídolo pop en su época al ser admirado por la escena musical en la nobleza vienesa. También fue considerado como un revolucionario al estar convencido de las ideas de la Revolución Francesa y porque buscaba siempre nuevos caminos para la composición. En un principio dedicó su 3.ra sinfonía, Heroica, a Napoleón, aunque al ver que en 1804 éste se coronó emperador decidió borrar la dedicatoria.

Después de su muerte el mundo de la música entendió la gran labor de este compositor y los obstáculos que tuvo que cruzar para ser grande y lograr la perfección en cada una de sus piezas gracias a la mezcla entre genialidad y locura. Con ello se puede afirmar que Beethoven es uno de los pocos compositores que alcanzó la fama a nivel internacional.

Pese a estar completamente sordo (de hecho, no pudo escuchar la ovación durante la presentación), fue el primero en instaurar en una sinfonía —Oda a la alegría— un coro, algo que en una sinfonía clásica no estaba permitido. Ésta se estrenó por primera vez en 1824 en el Teatro Imperial de Viena, desde 1985 es el himno de la Unión Europea y en el 2001 se convirtió en Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Todas las orquestas del mundo cuentan entre su repertorio con las nueve sinfonías de Beethoven, y es que pocos compositores después de él pudieron superarlo.

Ta-ta-ta-taaaa y las sinfonías de Beethoven

HORIZONTUM tuvo el placer de charlar con el maestro Carlos Esteva, violinista y director de la Orquesta Clásica de México, desde sus instalaciones en la colonia Condesa de la CDMX.[3] El maestro, con motivo de los 250 años del nacimiento de Ludwig van Beethoven, tenía programadas una serie de conferencias en marzo para hablar sobre el compositor alemán y sus nueve sinfonías, las cuales serían organizadas por la Academia Hispanoamericana de Ciencias, Artes y Letras de la Real Academia Española en colaboración con el Centro de Estudios de Historia de México, pero debido a la propagación del COVID-19 se tuvieron que postergar para fechas futuras, aún sin confirmar.

Al respecto, el maestro nos dio una breve cátedra sobre la importancia de Beethoven para el mundo de la música y habló sobre las tres épocas del artista. Primero, la de juventud en la que principalmente fue pianista, aunque tocaba otros instrumentos, y a la cual dedicó 30 años de su vida para componer varias obras para piano, entre ellas 32 sonatas de las cuales destacan Claro de Luna, Los adioses y La patética.

Posteriormente, a partir de 1802 y hasta sus 50 años, se dedicó a componer sinfonías, dejando al mundo nueve de ellas. “Un prodigio de creación musical al que se le añade el mérito de que sus obras fueron creadas cuando su enfermedad auditiva se fue deteriorando; la última la realizó completamente sordo porque perdió el oído externo, más no los conocimientos musicales que mantenía en su interior”, resalta el maestro Carlos.

Las primeras dos sinfonías estuvieron influenciadas por sus antecesores vieneses: Franz Joseph Haydn, quien fuera su maestro, y Wolfgang Amadeus Mozart; ambas siguen los lineamientos impuestos por Haydn. La no. 1 fue dedicada al barón Van Swieten, melómano y amigo de Mozart, mientras que la no. 2 al príncipe Lichnowsky.

Heroica, su tercera sinfonía, se expande a una forma más amplia y rica en expresividad con desarrollo en cuatro movimientos, de los cuales el segundo es una maravillosa marcha célebre. La bautizó con ese nombre porque originalmente tenía influencia de los principios de la Revolución Francesa: igualdad, libertad y fraternidad; además, en un principio la dedicó a Napoleón Bonaparte, el héroe del momento que seguía los lineamientos de la revolución, “hasta que se le subió el poder a la cabeza al coronarse a sí mismo como Emperador de Francia, lo que decepcionó a Beethoven y le hizo romper la dedicatoria, dejando sólo la leyenda: ‘el recuerdo a un gran hombre’”, explica el director.

La no. 4, compuesta en 1806 y dedicada a Franz von Oppersdorff, con una duración de 33 minutos, muestra la grandeza del Beethoven aún influenciado por Haydn. Mientras que la Sinfonía no. 5 se convirtió en la más popular entre sus obras. Construida sobre cuatro notas en el pentagrama: ‘sol-sol-sol-mi, fa-fa-fa-re’, es increíble cómo Beethoven desarrolló una obra con 15 minutos en el primer movimiento. Ésta es una obra popular a nivel mundial y la más interpretada por todas las orquestas de todos los tiempos.

En la sexta sinfonía, La pastoral, el músico se anteponía al drama personal de no poder comunicarse con sus contemporáneos debido a la pérdida del oído externo, por ello huye y se refugia en el campo y en los boques de Viena para estar en contacto con la naturaleza. Fue un momento en que ni las trompetillas para escuchar le servían y tenía que comunicarse exclusivamente mediante notas escritas. “Esta sinfonía es una belleza por sus motivos pastoriles, de la vida en el campo, las tormentas y la calma, toda una obra maestra en cuanto a música descriptiva”, señala el maestro Esteva.

Por su parte, Allegretto, la Sinfonía no. 7, es otro prodigio de estructura rítmica, incluso hay músicos como Richard Wagner que la catalogaron como la ‘precursora de la danza’ porque tiene ritmos muy vivos que invitan a bailar.

La octava es una pieza compuesta con mucha alegría porque fue creada en un momento de igual felicidad en Beethoven, quien estuvo unos días de vacaciones en un poblado cercano a Viena con la esperanza de recuperarse. La alegría reflejada en ella le da una forma muy optimista.

Entre 1814 y 1824 remata su obra con la Sinfonía no. 9, Oda a la alegría, que le costó 10 años de trabajo. Gracias a su carácter perfeccionista fue más allá de la orquesta y le añadió el coro al final, de ahí que se convirtió en una sinfonía coral. Para la letra, escogió el poema Oda a la alegría del famoso escritor alemán Friedrich Schiller. Así remata sus nueve sinfonías concluidas, “aunque tuvo el boceto para una décima, pero ya no cuajó”, recalca Carlos Esteva.

Ludwig van Beethoven fue un prodigio de la estructura musical que pese a sus condiciones de salud hizo lo que quería y tenía que hacer. “Un ejemplo de superación que nos dejó unos tesoros maravillosos, por eso los músicos debemos de celebrar y estamos de fiesta por Beethoven”. De ahí que el repertorio de las orquestas de México y el mundo le dedicaran este año a su memoria.

Sumario 1

Este año se cumplen 250 años del nacimiento de este compositor, director de orquesta y virtuoso pianista alemán, el más reconocido y famoso en la historia de la música, siendo su obra de las más interpretadas a nivel mundial.

Sumario 2

“Un ejemplo de superación que nos dejó unos tesoros maravillosos, por eso los músicos debemos de celebrar y estamos de fiesta por Beethoven”, maestro Carlos Esteva, director de la Orquesta Clásica de México.


[1] Su fecha de nacimiento no es muy clara, muchos biógrafos la señalan el 16 de diciembre, aunque existe un dato de bautismo con fecha del 17 de diciembre de 1770.

[2] Gehrke, K., “10 Dinge, die Sie über Beethoven wissen sollen”, Deutsche Welle (DW).

[3] En este recinto de la música se organizan conciertos y eventos, además se imparten clases de violín, música, canto y hay ensayos de música de cámara. Es sede de una Escuela de Salterios Mexicanos —instrumento que en pocos países se conserva siendo México es uno de ellos— dirigida por una exalumna del maestro Esteva: la maestra Garduño.

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Redacción Horizontum

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