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Los valores en la educación híbrida Los valores en la educación híbrida
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En esta época, que podemos denominar como “post Covid-19”, es obligatorio visualizar, repensar e imaginar cómo será la educación en los años venideros,... Los valores en la educación híbrida

En esta época, que podemos denominar como “post Covid-19”, “nueva normalidad” o como cada quien quiera llamarle, es obligatorio visualizar, repensar e imaginar cómo será la educación en los años venideros, pues para los efectos de este artículo en realidad eso es un tanto indiferente.

Debemos partir de una realidad que, nos guste o no, es así: no hay vacuna cien por ciento efectiva, y es demasiado pronto inclusive para conocer con certeza las reacciones y efectividad de todas y cada una de las vacunas existentes, por lo que tenemos que aprender a vivir bajo estas circunstancias, y la educación en tiempos de Covid-19 no se escapa de esta realidad. La mayoría de la gente coincide en que nada volverá a ser igual. Sin embargo, aún no logramos ponernos de acuerdo en imaginar qué será lo que nos espera.

La educación siempre se ha caracterizado por ser dinámica, y sin duda alguna, este dinamismo se aceleró durante las últimas décadas en lo que se refiere a procesos de enseñanza-aprendizaje, en principio con la introducción de la tecnología computacional y final – mente de manera más importante con la incorporación del Internet. Si esos avances aceleraron los cambios en los programas educativos y sus metodologías de una manera vertiginosa, la Covid-19 nos obligó a reinventarnos casi de un día para otro. Cuando la pandemia nos alcanzó, tuvieron que cerrarse los planteles educativos y obligó a que, tanto maestros como alumnos y padres de familia, tuvieran que enseñar y aprender a distancia.

A manera de información complementaria, y según datos de la UNESCO, se cerraron escuelas, universidades y otras instituciones educativas en más de 195 países, lo que interrumpió la educación de alrededor de 1,600 millones de estudiantes. Cientos de millones de ellos no tuvieron la posibilidad de continuar con sus estudios, sin contar que, en la mayoría de los casos, el desarrollo de aptitudes y habilidades, quedó paralizado de manera importante.

Los valores en la educación híbrida

El extenso confinamiento al que nos hemos visto forzados, no ha sido del todo negativo, pues hoy somos más conscientes del sentido humanístico de la vida y, si bien el virus nos hizo en – tender con claridad lo vulnerable que es la vida, también nos permitió revaluar la importancia de la convivencia social y sobre todo priorizar la vida en familia. De igual manera, dos aspectos de la vida cotidiana se alteraron drásticamente: uno, el espacio físico, el cual se redujo a nuestra casa, que quedó convertida en nuestro mundo, pues además de cumplir las funciones propias del hogar, su uso se diversificó a prácticamente todos los espacios necesarios para vivir como son: la oficina, la escuela, el templo, el centro comercial, el cine, el gimnasio, el espacio de reunión, el hospital y hasta el velatorio; eso sí, con el apoyo ⎼no sólo necesario, sino indispensable de la tecnología virtual. El otro aspecto que se alteró fue el tiempo, cuya noción muchas veces desapareció, al grado que hay momentos en que no sabemos ni qué hora es, ni en qué día de la semana estamos viviendo; en algunas circunstancias, el tiempo se hizo eterno y en otras voló.

Conceptos como: Home Office, sala de espera, muteado, plataformas de streaming, congelado o freeze, Zoom Meeting y hasta un Drink Zoom Party, entre muchos otros, se han ido incorporando a nuestro lenguaje y actividades cotidianas. En el campo educativo, sin duda alguna, el Home School, las actividades asincrónicas, Breakout Rooms, Classroom, clase virtual, formatos de enseñanza on-line son ya parte del vocabulario escolar y de sus acciones. En este sentido, cuántas cocinas no se transformaron en laboratorios de ciencias; al igual que jardines, patios y hasta un simple corredor se usó como espacio deportivo o gimnasio; un estudio, el comedor o hasta una esquina de la recámara se transformó en salón de clase, con mobiliario especial. Se tuvieron que adquirir escritorios y pizarrones que sustituyeron el lugar de cuadros; se colocaron planificadores semanales o mensuales, y se adquirieron todo tipo de materiales escolares para el hogar.

Por su parte, los planteles educativos siguen modificando sus espacios para cumplir con los protocolos de higiene y los requerimientos para la sana distancia, que llegaron para quedarse, y así poder lograr la reapertura de los establecimientos educativos de manera segura, ya que los países en donde los centros educativos se han abierto sin considerar las medidas preventivas para el virus, lo han lamentado de manera notable.

Hay quienes apuestan que al terminar la pandemia ⎼sin precisar cuándo podrá ser esto⎼, la humanidad continuará su ritmo, inclusive con mayor intensidad que antes de 2020. En lo personal, como ya lo he expuesto, dudo que pueda ser así. Por ello, la comunidad educativa deberá ir descubriendo y creando nuevos métodos que contemplen modelos híbridos en los que se combine la educación presencial con la educación a distancia, la automatización permanente en la escuela y de la escuela en donde los maestros enseñen y los alumnos aprendan de la realidad a través de las pantallas buscando el equilibrio con el uso de la tecnología, ya que está demostrado que su abuso está provocando efectos negativos en el comportamiento. Para la nueva escuela será necesario identificar y rescatar las mejores prácticas pedagógicas de ayer y de hoy.

Los valores en la educación híbrida

Este modelo, adicionalmente se enfrentará a una fuerte secuela que la pandemia nos ha ido generando, y es que la depresión y los síntomas de ansiedad son presa ya de muchos niños, jóvenes y adultos, que esperan con ansia el poder volver a socializar. Otros continuarán con una individualidad que les ha resultado incluso más cómoda y segura, posturas extremas que ya modifican el trabajo colaborativo y la propia socialización de maestros y alumnos que, sin duda alguna, están poniendo a trabajar a psicólogos y terapeutas.

Los pedagogos y especialistas en educación tenemos mucho qué pensar en los próximos años, pues algo muy controversial y complicado en el nuevo panorama educativo es la manera de evaluar el desempeño. Detrás de la educación virtual, sin duda alguna, medir el rendimiento académico es de lo más complicado, y no se tiene la certeza de que los alumnos hayan aprendido o que al menos lo hayan hecho con el rigor académico que debe existir en todo proceso de enseñanza-aprendizaje serio. Organizaciones internacionales importantes y de vanguardia, como el Bachillerato Internacional de Ginebra, Suiza, tuvieron que hacer cambios en la aplicación de sus exámenes, y seguramente en la mente de muchos miembros del BI la pregunta sin respuesta es: ¿los diplomas que se otorgaron en las sesiones de 2020 y 2021, tienen el mismo peso que los otorgados durante los cincuenta años anteriores? Esta misma interrogante la tenemos todos los que tuvimos que hacer evaluaciones bajo esta nueva normalidad y nos cuestionamos una y otra vez, pues a ciencia cierta evaluar a distancia no permite ver lo que en realidad sucede del otro lado de la pantalla.

Ha sido muy claro que aquellos niños y jóvenes que han recibido en casa una educación fortalecida en valores, han podido transitar sin grandes problemas los ciclos escolares que se han visto afectados por la circunstancia de la Covid-19. En la casa y en la escuela será necesario trabajar desde los primeros años en la constancia, la tolerancia, el respeto a la autoridad, la observancia de los límites y en la honestidad, aspectos que en su conjunto forjan a las personas de bien, a quienes una educación a distancia, presencial o híbrida no les será nunca una excusa para dejar de hacer las cosas con honestidad y probidad académica.

De igual manera, los ministerios de educación del mundo ⎼en el caso de México, la Secretaría de Educación Pública⎼ tendrán que revisar sus procesos de certificación, sus planes y programas de estudio, sus métodos de evaluación, tanto de las escuelas públicas como de las instituciones privadas, y hacer más flexible la pesada burocracia administrativa que existe, para favorecer, por encima de todo, el aprendizaje y la adquisición de habilidades y competencias para la vida.

Si ya se hacía necesario un trato diferente para la escuela pública y la escuela particular ⎼por la naturaleza diversa de las mismas⎼, bajo las circunstancias actuales, en donde la diversidad es aún mayor ⎼como consecuencia de la fuerte crisis sanitaria y económica que la pandemia provocó⎼, ahora la brecha digital es más significativa y afecta de manera distinta el desarrollo de los alumnos de estos dos mundos educativos, en donde encontramos instituciones equipadas con la más alta tecnología y otras que no cuentan siquiera con agua y electricidad.

Por lo tanto, será necesario trabajar en una transformación real más allá de los intereses ideológicos y políticos, que no deje a nadie atrás o afuera, pero considerando las diferencias reales que prevalecen. Para ello, la escuela del siglo XXI debe resolver la falta de recursos para minimizar así la brecha digital, pues la desigualdad existente en el acceso a internet, de no resolverse a corto plazo, dejará a millones de niños y jóvenes sin educación.

Otro aspecto ⎼no menos importante⎼ que requiere urgente atención es la revisión de los reglamentos y normativas escolares, pues éstos fue[1]ron elaborados para regular la educación presencial y hoy requieren una actualización para adecuarlos a todas estas nuevas formas de enseñar, de aprender y de socializar en el ámbito escolar.

Si bien los docentes jóvenes tienen ventaja en el uso y aplicación de la tecnología educativa, los profesores en general requieren más que nunca de una capacitación permanente que los acerque y familiarice a esta nueva pedagogía. La capacitación docente, más allá de ser un requisito, es una in[1]versión necesaria de compromiso, es[1]fuerzo, tiempo y recursos de todos los elementos que participan en el campo educativo público y privado.

Tanto alumnos, como docentes y padres de familia deberemos seguir desarrollando habilidades como el liderazgo horizontal, la resiliencia y la creatividad. Por su parte, las universidades e instituciones de nivel superior deberán desarrollar nuevos programas que brinden formación en las habilidades que exige la nueva realidad del mercado laboral, como la excelencia en gestión y toma de decisiones en contextos inciertos, vulnerables y cambiantes.

Lo que sí puedo asegurar, o al menos afirmar que desearía que su[1]cediera en este nuevo periodo de la educación, es que los valores deben retomarse, pues más que nunca son los que en realidad permitirán que un estudiante pueda cumplir y crecer, para que el día de mañana logre llegar a ser y desarrollarse como un buen técnico o profesionista.

Los valores en la educación híbrida

En 2013, me animé a plasmar en el libro “Estamos creando Monstruos” algunos conceptos que hoy se hace necesario retomar, partiendo de que la labor de los padres de familia –como la primera y más importante figura de autoridad del ser humano– es indispensable para educar en valores a los niños y jóvenes. La escuela, como institución social básica, solamente pue[1]de coadyuvar en reforzar los valores que se aprenden en casa. Un colegio no es un club social, sino una institución educativa, a manera de una especie de laboratorio para la vida. La escuela cumple con su función, que es la de enseñar a sus alumnos los conceptos básicos del conocimiento: desarrollar competencias y habilidades, sobre todo para aprender a resolver problemas que la vida real nos presenta constantemente.

En el día a día debemos resolver problemas para poder continuar en este sendero llamado vida y, para lograrlo, muchas veces tenemos que hacerlo solos. De ahí la importancia de que los padres de familia y maestros enseñen a sus hijos y alumnos a ser autónomos y a resolver por sí solos sus dificultades académicas y de socialización en la escuela o, de lo contrario, enseñarlos a aceptar las consecuencias de éstas. Señalo lo anterior porque, en favor de los llamados derechos humanos y al exceso actual en la aplicación de los mismos, en muchos casos la educación de los niños y de los jóvenes se ha vuelto sencilla, simple y proteccionista, lo que ha contribuido a formar generaciones frágiles, débiles, inseguras e incompetentes para enfrentar los retos de un mundo complicado.

Sin duda alguna, el panorama es complejo, la solución no es fácil, pero desde que inició la pandemia –en la mayoría de los casos–, la comunidad educativa no se ha rendido, y hoy sigue trabajando consciente de que la educación de nuestros niños y jóvenes seguirá siendo el único e ineludible me[1]dio para formar mejores personas. Sólo la educación permitirá a la humanidad buscar medios pacíficos de convivencia, entornos sustentables, comunidades inclusivas y abiertas que permitan a todos y a cada uno de los seres humanos contar con los medios indispensables para lograr un mejor modo de vida y alcanzar nuestra verdadera misión, que es la felicidad. Sin embargo, no me refiero a esa felicidad distorsionada que se basa en “cuánto tienes, cuánto vales”, sino a aquella felicidad que se cimienta en las cuestiones más sencillas de la vida, pero que a la vez nos permite seguir sorprendiéndonos de las cosas más simples.

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Pepé Uribe