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La generación del confinamiento. Los jóvenes en el escenario pospandemia. Una mirada desde la OIT. La generación del confinamiento. Los jóvenes en el escenario pospandemia. Una mirada desde la OIT.
Los jóvenes corren el riesgo de tener que seguir haciendo frente a los efectos de la pandemia a lo largo de toda su vida... La generación del confinamiento. Los jóvenes en el escenario pospandemia. Una mirada desde la OIT.

¿Cuál es el escenario laboral para los jóvenes a los que les tocará vivir los efectos sanitarios, sociales y económicos de esta pandemia? Primero un apunte preliminar: antes del COVID-19, el futuro de los jóvenes en materia laboral era ya desafiante: “…más de 267 millones de jóvenes no tenían empleo, ni participaban en ningún programa educativo o de formación (jóvenes «nini»), incluidos casi 68 millones de jóvenes desempleados”. (OIT, 2020:2). Ahora, el escenario pospandemia se presenta excepcionalmente complicado. “Los jóvenes […] corren el riesgo de tener que seguir haciendo frente a los efectos de la pandemia a lo largo de toda su vida laboral, y de pasar a constituir una ‘generación de confinamiento’”. (OIT, 2020:2).

Esta caracterización tiene dos elementos principales: el primero, alude a los efectos de la pandemia sobre la educación y la formación de los jóvenes; el segundo, dibuja lo que sucede en el mundo laboral, en el que los jóvenes y, dentro de éstos, las mujeres tienen las tasas de desempleo más elevadas. “La interrupción de las actividades de educación y formación podría repercutir adversamente de por vida en el nivel de ingresos de los jóvenes que se ven obligados a abandonar sus estudios”. (OIT, 2020:11).

En el plano laboral, la tasa de desocupación más elevada es la de los jóvenes y dentro de éstos se encuentra el grupo más cualificado. En su reporte 2019, la OCDE concluyó que México registraba una crisis en materia laboral que se expresaba en dos dimensiones: una de sobrecualificación y otra de informalidad. (OCDE, 2019). Ahora, la OIT, en el marco de la actual pandemia, establece: “…los jóvenes (15 a 24 años) son más proclives a estar desempleados o a tener un empleo de peor calidad que los adultos (25 años o más)”. (OIT, 2020:7). Al componente cuantitativo, se suma el factor cualitativo: “Una gran cantidad de jóvenes, en particular mujeres, se subutilizan en el mercado laboral”. (OIT, 2020:8). Asimismo, el cierre de fronteras agudiza la situación laboral de los trabajadores migrantes. “Los jóvenes menores de 30 años integran alrededor del 70 por ciento de los flujos migratorios a escala internacional. Muchos jóvenes migrantes […] no han podido retornar a su trabajo ni volver a su país de origen”. (OIT, 2020:8).

Cuatro esferas de la vida de los jóvenes son afectadas por la actual pandemia: 1) la interrupción de sus programas de estudio o de formación; 2) la pérdida de su empleo o la disminución de sus horas de trabajo y con ello de todos o parte de sus ingresos; 3) mayores dificultades de inserción laboral; y 4) recurrencia de episodios de ansiedad o depresión. En el aspecto laboral, “…más de uno de cada seis jóvenes […] ha dejado de trabajar desde que surgió la crisis del COVID-19”. (OIT, 2020:2).

Los jóvenes son el sector laboralmente más afectado por el COVID-19. Sus efectos pueden extenderse a lo largo de una década y ampliar las desigualdades sociales y económicas. La OIT acuñó el término ‘generación de confinamiento’ para referirse al escenario que la pandemia del coronavirus puede dar lugar por la ruptura del modelo tradicional de educación centrado en los programas presenciales y la transformación obligada que dejará en el mundo del trabajo. “La generación de confinamiento será aquella compuesta por los jóvenes que severamente se verán afectados por la crisis del coronavirus”. (Paula Jahn, citada por Bugarin, 2020:6)

Antes de la crisis, la situación laboral de los jóvenes ya era crítica. “El desempleo entre personas de 15 a 24 años estaba en ascenso […] se ubicó en 13.6% en 2019 […] Tres de cada cuatro trabajadores jóvenes en todo el mundo estaban ocupados en la economía informal”. (Bugarin, 2020:6)

En la antesala de la gran crisis del COVID-19, México traía excedentes de egresados que en algunas carreras era del 500 por ciento. Después de la crisis, el escenario obviamente no mejora, con la agravante de que habrá una ruptura entre formación universitaria y el mercado laboral. “Los jóvenes son los más vulnerables […] la consecuencia más severa de no lograr desarrollar su pleno potencial laboral será que no sean capaces de contribuir a la sociedad” (Paula Jahn, citada por Bugarin, 2020:6), con lo que también se abrirá la discusión sobre la eficiencia del gasto en el subsistema de educación superior.

La tasa general de desempleo es menor que la tasa de desempleo juvenil. ¿Cómo se explica esto? Tiene relación con la formación universitaria y con los requerimientos del mercado laboral. A veces, parecen ir en carriles separados. No es, por supuesto, que la universidad se supedite a la economía. Más bien, cada vez resulta más evidente que la conexión entre ambos mundos es imperfecta. Una de las razones que motivó al proceso Bologna al asumir su modelo 3-2-3 (licenciaturas cortas de no más de tres años y posgrados largos) fue la de avanzar en una formación profesionalizante y dejar el posgrado para quienes quieren otra cosa de la educación y no sólo trabajar. De hecho, la crítica recurrente que se hace al modelo Bologna es precisamente esa, que apostó por una universidad light y que mercantilizó a la educación superior.

 En países como México, en el que predomina un modelo tradicional de educación superior, con licenciaturas largas, es más evidente la distancia entre la formación universitaria y los requerimientos del mercado laboral. La educación terciaria aquí es muy robusta, y la economía del empleo —dominada por micros, pequeñas y medianas empresas— requiere fundamentalmente técnicos. Cuando el egresado de la educación superior se inserta en el mundo del trabajo, no hace crecer la pirámide del empleo profesional altamente calificado, sino que desplaza al personal técnico que ya está.

En este contexto, el COVID-19 vino a agravar esta situación. En materia de empleo, el sector de los jóvenes es el que muestra los impactos más fuertes. “Sin duda, los jóvenes estarán entre los más severamente golpeados por la crisis económica desencadenada por la pandemia. Muchos perderán su empleo, otros no podrán conseguirlo, particularmente, los que están saliendo de la universidad”. (Paula Jahn, citada por Bugarin, 2020:6),

Venimos de una crisis estructural y sistémica porque el modelo económico privilegió los circuitos financieros y bursátiles antes que la economía productiva. La financiarización a la que asistimos en las últimas cuatro décadas abrió la brecha entre la ficción bursátil y la economía real; entre la economía casino y la economía del empleo; entre los derivados y el circuito de la producción. El patrón de acumulación económica que surgió del Consenso de Washington fue virtuoso para generar y concentrar la riqueza en pocas manos, pero no para alcanzar objetivos de inclusión y desarrollo sostenible. La gran crisis del COVID-19 aceleró la ruptura con el modelo económico.

En el periodo marzo-abril de 2020, se perdieron en México 696 mil empleos formales. De esta cifra, 385 700 cayeron en el rango de personas entre 15 y 29 años de edad, esto es, el 55.41 por ciento. Al considerar el nivel de instrucción, el 54.12% de los que en este bimestre perdieron su empleo tenían educación media superior y superior. (Véase: IMSS e INEGI, cifras al primer trimestre de 2020 citado por Bugarin, 2020:7)

 El escenario laboral y educativo de los jóvenes se complica en la medida en que cerca de la mitad de quienes perdieron su empleo no cuentan con computadora y tampoco con conexión a Internet en sus hogares. A nivel mundial, “…60% de las mujeres y 53% de los hombres jóvenes vislumbran su futuro profesional con incertidumbre […] Alrededor de la mitad de los jóvenes que cursan estudios temen finalizarlos con retraso y un 10% considera que no podrá terminarlos”. (Iniciativa Mundial sobre Empleo Decente para los Jóvenes citada por Bugarin, 2020:7).

El segundo trimestre de 2020 será el de mayor repercusión de la crisis económica con impactos en lo laboral: “…los efectos en el mercado de trabajo de las medidas adoptadas en Europa han sido más intensos de lo previsto”. (OIT, 2020:4).

Son los jóvenes los que sufren más directamente las consecuencias laborales de la pandemia, porque son ellos los que nutren de fuerza laboral a los sectores económicos más afectados por la crisis sanitaria: “…servicios de hotelería, alimentación y comercio […] La alteración de las cadenas de suministro tendrá consecuencias laborales devastadoras […] en particular a las mujeres, en sectores como el de la confección”. (OIT, 2020:9).

Guy Rider, director gerente de la OIT, habla del riesgo laboral de perder a toda una generación. El COVID-19 vino a confirmar las limitaciones de un modelo económico que no es virtuoso para crear empleo productivo en la economía formal, ni para incluir en la dinámica del crecimiento a los sectores más vulnerables de la sociedad.

Se abre una posibilidad de que el regreso al mundo real de la economía se haga con base en otro modelo: “…mediante la promoción de una transición a un modelo de desarrollo económico más sostenible y equitativo”. (OIT, 2020:3).

Los programas gubernamentales y de las instituciones educativas tienen el imperativo de atener los efectos de largo plazo de la gran crisis del COVID-19 en el sector de los jóvenes, sobre todo en tres áreas específicas de su desarrollo: a) educación; b) inserción en el mercado de trabajo; y c) desarrollo psicosocial. Un nicho de oportunidad, sin duda, para la práctica profesional de la orientación.

Hasta ahora, en el ámbito de la orientación, tenemos como vector dominante un relato construido para tiempos normales. No obstante, la realidad dista mucho de ese parámetro. Esa manera de mostrar el futuro a los jóvenes puede resultar anticlimático y generar más dudas que certezas, sobre todo si tomamos en cuenta lo que dejará el COVID-19: “…un gran aumento del índice de desempleo juvenil […] en particular […] de las mujeres jóvenes […] La tasa de participación de los jóvenes en la fuerza de trabajo también disminuye considerablemente en todo el mundo”. (OIT, 2020:11).

Se operó ya una ruptura con el modelo tradicional de la orientación. Llegó a su fin el modelo de grandes concentraciones que sirvieron para todo, menos para ampliar el horizonte de una orientación centrada en la calidad. Lo que tenemos enfrente es otra cosa y la OIT nos lo recuerda en este estudio cuya principal conclusión es que podemos estar frente a la generación de confinamiento.

El nuevo relato de la orientación debe descansar en la deconstrucción de la realidad que por imperfecta que sea, siempre será mejor que plantear escenarios idílicos que nada tienen que ver con la realidad.

La gran crisis del COVID-19 muestra ya la inoperancia de los planes presenciales o lo antitético que resultan programas que hacen a los jóvenes protagonistas de la orientación cuando están inmersos ellos mismos en muchas interrogantes respecto a un mundo laboral no sólo cambiante, sino profundamente cambiado. Aceptemos que en sistemas complejos y ante realidades inescrutables, depositar la orientación en jóvenes estudiantes que están en formación quizá no sea la mejor manera de orientar.

En medio de la gran crisis del coronavirus, los jóvenes comienzan a preguntarse sobre su futuro laboral. Luego de la universidad, ¿qué sigue? Ese futuro es difícil para los jóvenes con educación y será imposible para quienes no tengan instrucción. A pesar del complejo escenario que la realidad pinta, sólo hay una certeza: la única puerta de acceso al futuro, en un mundo que ha hecho del conocimiento su esqueleto y su cuerpo, es la educación. Esa es la ruta y ese debe ser el énfasis en el ejercicio profesional de la orientación.

Referencias:

Bugarin, Inder:

2020 “Pandemia por Covid-19 lleva a universitarios rumbo al desempleo”, en El Universal. México, junio 6, 2020.

Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico:

2019 Educación superior en México. Resultados y relevancia para el mercado laboral. Diciembre 14, 2019.

Organización Internacional del Trabajo:

2020 Observatorio de la OIT: El COVID-19 y el mundo del trabajo. Estimaciones actualizadas y análisis Cuarta edición. 27 de mayo, 2020.

Gerardo Nieto. Doctor en economía con posdoctorado en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

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Gerardo Nieto

Gerardo Nieto

Doctor en Economía con mención honorífica por el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM; profesor en la División de Estudios Profesionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales; articulista en revistas especializadas y diarios de circulación nacional; autor de varios libros sobre política, educación y economía; conferencista en foros nacionales e internacionales.