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El muro de Trump, punto de discordia en la política internacional El muro de Trump, punto de discordia en la política internacional
Cuando Donald Trump ascendió al poder, a través de un discurso de cuño racista que colocaba al inmigrante, prometió la construcción de “un... El muro de Trump, punto de discordia en la política internacional

Cuando Donald Trump ascendió al poder en 2016 a través de un discurso de cuño racista que colocaba al inmigrante —mexicano, en particular— como una persona violenta, degenerada y, por lo tanto, indeseable al decir que: “El gobierno mexicano incentiva a su gente más indeseable a emigrar a Estados Unidos, gente con un montón de problemas, en muchos casos criminales, narcotraficantes y violadores” y prometió al pueblo norteamericano la construcción de “un gran muro” que separara culturas tan diferentes entre sí —una desarrollada y otra subdesarrollada—, esa idea parecía en verdad asequible, sobre todo, para el sector republicano; sin embargo, a cuatro años de la construcción de dicho “muro protector” —como también llamaron al de Berlín hasta 1989— se ha tenido evidencia de lo absurda que resultaba esa idea desde un inicio, ya que, en primer lugar, no resolvía de fondo la problemática existente y, en segundo lugar, respondía a un miedo irracional hacia una otredad instaurada.

Durante más de un siglo, las causas de la inmigración latinoamericana hacia Estados Unidos han sido la pobreza extrema, los altos niveles de inseguridad y la poca oferta laboral en los países de origen. Se trata de una relación histórica de dependencia y neocolonialismo que yacen bajo las estructuras del sistema capitalista, el cual propicia la desigualdad en la riqueza y el acceso jerarquizado a un determinado nivel de vida. Los diferentes tipos de desplazamiento poblacional han dado lugar a nuevos espacios transnacionales, creados a partir del resurgimiento de grandes flujos migratorios en la era del cambio climático y de la economía de migración, donde se pone en juego un derecho esencial de todo ser humano: el de ser libre de moverse y el elegir quedarse o irse de cualquier sitio. Comprendiendo lo explicado con anterioridad, la figura negativa del inmigrante como aquel ser perverso que busca denigrar y desplazar a los ciudadanos de un país ajeno desaparece.

Una propuesta de campaña bien informada y coherente con esta realidad hubiera considerado estas razones básicas para saber lidiar con un problema social y económico de trasfondo histórico. Pese a esto último, la persuasión de la población estadounidense se llevó a cabo mediante un discurso no sólo de odio, sino disfuncional en sus raíces, pues considera la existencia de un falso enemigo mientras que el alcance de las acciones proteccionistas sólo puede tener un efecto paliativo. Signo de esto es el mismo muro como objeto-basura, si bien su función principal ha sido la de ser un obstáculo físico que impida el traspaso de personas de una frontera a otra, se tiene documentado que dicha traba no ha sido suficiente para lograr detener la natural necesidad humana de migrar en busca de mejores oportunidades, ya que la gente ha logrado saltar por encima del muro y se ha escabullido por aquellos sitios en los cuales la perecedera barrera no puede llegar, como son el territorio montañoso y el mar.

Incluso a partir del cambio de política migratoria ocurrida en marzo debido a la pandemia por coronavirus, con la cual intentó expulsar más rápido a un mayor número de inmigrantes bajo el argumento de “emergencia sanitaria” se aceleró el proceso de deportación. Sin embargo, esto generó una contraola de movimiento masivo inesperada. Si bien la migración hacia Norteamérica se detuvo momentáneamente, esta se disparó durante abril y julio duplicando el número de personas arrestadas,[1] ya que para muchos migrantes esta política funcionaba como un incentivo, puesto que si fracasaban en su primer intento de entrar a Estados Unidos se librarían de las penurias de la detención y serían enviados rápidamente a México poniéndolos entonces en posición para volver a intentar cruzar la frontera.

Según The New York Times, “El número de personas arrestadas en la frontera se ha duplicado desde la primavera debido a la recesión económica de México y a la política del gobierno de Donald Trump. El número de migrantes detenidos a lo largo de la frontera con México aumentó a 38 347 en julio de 16 162 en abril, un incremento del 137%, según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos”.[2]

Hasta el momento la administración de Trump ha invertido 1700 millones de dólares y utilizado más de 137 000 metros cúbicos de concreto para construir 173 km de muro. Si tomamos en cuenta que la longitud total de la frontera es de 3169 km, resulta que el “gran muro” no cubre hasta el momento sino una tercera parte de dicha frontera. El resto de ella está constituída principalmnte por el Río Bravo y por cerca de 20 huecos donde el territorio se vuelve inaccesible debido a la existencia de barreras naturales (Océano Pacifico, Tecate, Mexicali, New River, Calexico, California, Desierto de Sonora, Nogales, Huachuca Mountains, Arizona, Douglas, Arizona, El Paso, Ciudad Juárez, El Río Grande, Piedras Negras, Nuevo Laredo, Havana, Texas, Mision, Texas, Reynosa, Tamaulipas, McAllen, Texas, Brownsville, Matamoros, Océano Atlántico), donde simplemente no es viable la construcción de una muralla.

Por si no bastara tal barrabasada, Donal Trump piensa continuar el muro que firmó con su nombre a través del océano por medio de un sistema de ballas flotantes y patrullas marinas,según una nueva solicitud de mercado publicada por el Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE. UU. y citada por el diario The Washington Post.[3] Dicha acción elevará los costos (de por sí ya sobrepasados) de su propuesta de campaña con la cual ganó los votos de las elecciones anteriores y con la que piensa reelegirse próximamente.

No obstante, los vientos no parecen favorecer al presidente norteamericano, ya que sus esfuerzos iniciales han quedado atrapados en una serie de dificultades políticas y legales. A inicios de este año, se produjo el cierre del gobierno más largo en la historia de Estados Unidos debido a que Trump se negó a firmar el presupuesto a menos que éste incluyera dinero para el muro. El mandatario llegó incluso a declarar la emergencia nacional para liberar fondos con este fin.[4] Cabe decir, que estos fondos y otros adicionales elevan la cantidad de dinero que se puede destinar al muro hasta 9800 millones de dólares.

Frente a este gasto repentino e inconstitucional, los demócratas criticaron, con buena razón, la idea de quitar fondos a los militares, así como sacarle poder al Congreso para aprobar esos gastos. Dichos representantes pueden demandar a la administración Trump por desviar 2500 millones de dólares en fondos del Pentágono para construir un muro a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México.

Mientras tanto, contrariando las ideas de progreso deTrump, Joe Biden dijo en una entrevista durante una conferencia virtual para la Asociación Nacional de Periodistas Negros y la Asociación Nacional de Periodistas Hispanos que, de ser elegido, pondría fin a la construcción del muro: “No se construirá ni un pie de muro en mi administración”, dijo Biden y agregó que, en cambio, tendría protección fronteriza basada en “la capacidad de alta tecnología para lidiar con eso y en los puertos de entrada, ahí es donde están sucediendo todas las cosas malas”.[5]

El panorama para la posible reelección de Trump se muestra cada vez más desértico. Aunque el presidente de personalidad megalómana se empeñe en proseguir con el proyecto que lo llevó al poder, empieza a predominar en su país un electorado descontento con su manejo de la pandemia y la economía. A pesar de que el mandatario se congratula de la construcción de un muro que protege a Estados Unidos de la infección y peligro inminentes que representan los inmigrantes mexicanos y centroamericanos, EE. UU no deja de ser el país con más muertes: 157 551 muertes, y también con el mayor número de contagios con 4 802 275 casos acumulados debidos a una mala administración, según la Universidad Johns Hopkins.[6]

Además de lo anterior, se estima que de los casi 57 millones de latinos que viven en los Estados Unidos, más del 63% es de origen mexicano, es decir, más de 36 millones, y cerca del 8% es de origen centroamericano, es decir, 3.4 millones de personas. Esto último se traduce en menos votos a favor para un gobierno cuya narrativa de desprestigio hacia el sector migrante ha sido devastador, ya que no se le reconce la importancia de su papel en la economía gringa como principal mano de obra barata, es decir, aquellos que realizan los trabajos peor pagados y que nadie quiere realizar, pero que son sumamente demandados por la sociedad.

Aunque en principio Donald Trump haya dicho que el gobierno mexicano sería quien pagaría el muro por medio del cobro de peaje a vehículos que cruzan la frontera (como si fuera culpa de México un problema que confiere resolver a ambos países), no hay nada que indique, hasta ahora, que nuestro país pagará directamente por el muro. Este no es sino un engaño más de Donald Trump con el que logró ganar la candidatura. Timos hay muchos en la historia, pero ninguno es más grande que aquel que promete soluciones radicales a problemas incomprensibles, “El muro de Trump” se convertirá sin lugar a dudas en uno de ellos.


[1] Semple, Kirk, (6 de agosto 2020), “Tras una pausa, el número de inmigrantes que intentan entrar a Estados Unidos se ha disparado”, The New York Times.

[2] Ibid.

[3] (15 de agosto de 2020) “Administración de Trump busca levantar un muro flotante en las aguas fronterizas con México, según The Washington Post”, Univisón Noticias.

[4] Poole, Thom (10 de octubre de 20194, “El muro de Trump con México: ¿una promesa rota, la llave para la reelección o las dos cosas?”, BBC.

[5] Ozimek, Tom (7 de agosto de 2020), “Corte dictamina que demócratas del Congreso pueden demandar a Trump por fondos del mundo fronterizo”, La Gran Época.

[6] (5 de agosto de 2020), “México tiene grandes problemas con el COVID, dice Trump y agradece tener muro”, Animal Político.

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Alejandra Villaurrutia