Horizontum - Finanzas y Cultura
El impacto de movimientos sociales, ambientales y religiosos en las finanzas globales El impacto de movimientos sociales, ambientales y religiosos en las finanzas globales
Inversiones éticas y socialmente responsables como estrategias para mejorar la situación del planeta, y traen retornos de inversión positivos a largo plazo. El impacto de movimientos sociales, ambientales y religiosos en las finanzas globales

En el pasado reciente, las inversiones éticas y socialmente responsables (SRI por sus siglas en inglés), así como las que consideran en su análisis a factores ambientales, sociales y de gobernanza empresarial, conocidas también como (ESG por sus siglas en inglés), se observan como estrategias que no sólo se enfocan en mejorar la situación del planeta, sino también traen consigo retornos de inversión positivos a largo plazo.

Aunque sólo a principios del mileno estos temas comenzaron a popularizarse, sus orígenes modernos se encuentran en los métodos de inversión religiosos de principios del siglo XX. Fue en esta época cuando la Iglesia Metodista de los EE. UU. comenzó a invertir en los mercados financieros de una manera ética, excluyendo a aquellas empresas vinculadas con industrias no alineadas a sus valores, tales como empresas productoras de alcohol o relacionadas con apuestas. Los quakers, red de organizaciones religiosas en EE. UU., no tardaron en adoptar este movimiento y renunciaron a inversiones en empresas productoras de armas.

En Oriente podríamos considerar que el origen de las inversiones éticas ocurrió con el desarrollo de la Ley Islámica (o Sharía) del siglo VII. Sin entrar en detalles, ésta requiere que tanto la banca como las inversiones sigan estrictamente la moral religiosa, por lo que se clasifican como una versión culturalmente distinta a las inversiones éticas.

No fue hasta la década de los 60 cuando las inversiones sociales fueron generalizadas. Esto fue, sobre todo, el resultado de los cambios de ideología y movimientos sociales que se observaron por todo el mundo, por ejemplo, las causas antiguerra y los movimientos a favor de los derechos civiles y de la mujer. Curiosamente, fue también entre 1960 y mediados de 1970 cuando aparecieron por primera vez los fondos de inversión islámica en Malasia. El principal detonador de este estilo de inversión fue el cambio de mentalidad de los inversionistas, quienes fueron atraídos por inversiones basadas en sus valores, ya fueran religiosos o relacionados con sus ideologías sociales.

En 1970 fue lanzado el primer fondo de inversión ético en EE. UU.: Pax Fund, considerado por muchos como una reacción al descontento americano por la guerra de Vietnam. Este fondo se enfocaba en evitar la exposición de empresas involucradas en la venta y desarrollo de armas. Con el paso del tiempo, este estilo de inversión fue adquiriendo inercia. En 1974 abrió en Europa el primer banco con un enfoque socio-ecológico, el GLS Gemeinschaftsbank, motivado por la idea de que el beneficio de las personas y del medio ambiente no debe de estar desconectado del beneficio económico. En la década de los 80, en el Reino Unido se lanzaron los primeros fondos de inversión éticos y ambientalistas. También fue en esta década cuando ocurrieron dos de los desastres ecológicos que más han marcado al mundo: el accidente nuclear de Chernóbil y el derrame de petróleo de Exxon Valdez en Alaska.

A partir del año 2000 se ha podido observar un incremento de la llamada ‘economía verde’, en la cual las empresas y los individuos comenzaron a invertir y a asociarse con empresas ambientalmente consientes, reduciendo la interacción con empresas involucradas con sectores identificados como dañinos para el medio ambiente. Junto con este movimiento, en 2006 se reconoció a Muhammad Yunus y a su instituto de microfinanzas, el Grameen-Bank, con el Premio Nobel de la Paz, demostrando la importancia de la contribución que las finanzas pueden tener con la sociedad.

En el 2005, en una conferencia titulada “Who Cares Wins”, se reunieron una serie de inversionistas institucionales, gestores de activos, cuerpos gubernamentales e instituciones financieras multilaterales para el desarrollo, a fin de discutir el papel de los factores ambientales, sociales y de gobernanza empresarial. Fue en esta conferencia donde se discutió la compatibilidad que debe existir entre mejores mercados de inversión y sociedades más sostenibles. El año siguiente, los Principios de Inversión Responsable (PRI, por sus siglas en inglés) fueron lanzados, teniendo como signatarios a dueños y gestores de activos con un capital mayor a los 65 billones de dólares. El objetivo de estos principios es la integración de los principios ESG en el proceso de inversión.

Antes de este momento era muy común que las empresas recurrieran al altruismo como única forma para contribuir con la sociedad y el ambiente, pensando que cualquier beneficio social no podía estar vinculado con los beneficios económicos de la empresa. Muchos inversionistas también pensaban que al invertir con base en sus valores, aceptaban dejar ir retornos de inversión mayores pero con el consuelo de estar invirtiendo en lo que creían. Sin embargo, un incremento en la concientización de la comunidad inversionista llevó a nuevas investigaciones y a la identificación de que las empresas que consideran factores materiales de ámbito social y ambiental y que tienen un alto nivel de gobernanza empresarial, producen rendimientos mayores a aquellas empresas que no prestan atención a estos temas.

Una vez identificado esto, los mercados no han tardado en crear nuevos instrumentos y herramientas que permiten aprovechar estos descubrimientos. Hoy en día es común encontrar fondos de inversión éticos y socialmente responsables. Asimismo, bonos verdes, azules y hasta sociales han sido creados para promocionar inversiones de esta índole. Productos estructurados y vinculados a factores ambientales y sociales también han sido creados, y cada vez es más común escuchar sobre el uso de factores ESG dentro del análisis de instrumentos para entender mejor el riesgo que conllevan.

Las tendencias observadas en las últimas décadas nos muestran un incremento sustancial en las inversiones de esta índole. Mientras que cuando fue creado, los signatarios del PRI tenían a su cargo más de 65 billones de dólares, en 2018 la cantidad de activos gestionados por ellos era estimada en más de 81.7 billones. Este aumento ha resultado tanto de mejoras en la gestión de activos como del incremento en el número de signatarios. Otro ejemplo que demuestra el incremento en el interés por este estilo de inversión son las emisiones de bonos verdes durante el 2019, que ascendieron hasta 257 mil millones de dólares, y durante los dos primeros meses del 2020 se estiman emisiones de más de 28 mil millones de dólares.

De manera similar, los fondos cotizados (ETF) considerando factores ESG han incrementado su presencia en el mercado de manera significativa. En diciembre de 2009, sólo 39 ETF consideraban estos factores, mientras que para junio de 2019, 221 fondos lo hacían, pasando de cinco mil millones a 25 mil millones de dólares vinculados a estos fondos durante este período.

Entendiendo estos números resultantes de un cambio sistémico en el panorama financiero global, podemos estar seguros de que este estilo de inversión -llámese ESG, SRI o de valores- pronto se convertirá en la norma. A medida que más y más inversionistas comprendan los beneficios económicos, sociales y ambientales de considerar los factores materiales, podremos ver cómo las decisiones de inversión se alinearán con estos principios. Aunado a esto, es de esperarse que los reguladores -como el caso de la Unión Europea a través de su directiva de información no financiera- comprendan estos beneficios y desarrollen nuevas reglas para asegurarse que las inversiones cumplan con requisitos que garanticen transparencia y promuevan beneficios económicos; así como un mejor futuro para nuevas generaciones.

Por: Gabriel España[1] y Oscar de León Montes de Oca[2]


[1] El autor es Managing Director en Iskali Capital Group (ICG), banca de inversión con sede en Washington D.C. y enfocada a proyectos de alto impacto en el desarrollo en mercados emergentes. Contacto: gespana@iskalicapital.com Twitter: @Gabriel_Espana LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/gabrielespana/

[2] El autor trabaja en la Oficina Ejecutiva de Solactive AG, empresa internacional especializada en el desarrollo y cálculo de índices financieros, con sede en Frankfurt, Alemania. Contacto: oscar.deleon@solactive.com LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/odeleon/

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Gabriel España

Gabriel España

El autor es Managing Director en Iskali Capital Group (ICG), banca de inversión con sede en Washington D.C., enfocada a proyectos de alto impacto en el desarrollo en mercados emergentes. Ocupó puestos de dirección en la International Finance Corporation (IFC), institución financiera para el desarrollo del sector privado del Banco Mundial para sus operaciones en Latinoamérica y el Caribe. Contacto: gespana@iskalicapital.com Twitter: @Gabriel_Espana LinkedIn: https://www.linkedin.com/in/gabrielespana/