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CICLO: un proyecto artístico con causa social CICLO: un proyecto artístico con causa social
En conversación con HORIZONTUM, la actual directora ejecutiva nos plática sobre el proyecto CICLO y los diferentes retos que ella y su equipo han... CICLO: un proyecto artístico con causa social

Arte para todos. Usamos el poder transformador del arte para crear comunidad” es la frase que resume el ideal detrás de Galileo 92, la galería dirigida por Laura Reséndiz, con la cual busca estimular la producción de arte con causa social. En conversación con HORIZONTUM, la actual directora ejecutiva nos plática sobre el proyecto CICLO y los diferentes retos que ella y su equipo han tenido que enfrentar.

Sobre su trayectoria, Laura Reséndiz nos cuenta: “Soy historiadora del arte por la Universidad Iberoamericana. Me dediqué muchos años a la producción de obra, después me asocié para traer Anonymous Gallery, una galería de arte contemporáneo que había iniciado en Nueva York; me asocié con los fundadores y la trajimos a México. Ahí estuve como cinco o seis años más o menos, y mientras estuve en la galería donde empecé a desarrollar este proyecto que se llama CICLO. Durante el último año de estar simultáneamente en la galería y este proyecto, se volvió un poco complicado llevar las dos propuestas, entonces, dejé mis acciones, dejé la galería y me dediqué de lleno a CICLO”.

Después de dejar la galería, Reséndiz trabajó en el Museo Tamayo en el programa público del museo móvil; además, comenzó a formar parte de QiPO, colectivo de curadores fundado por Ichiro Irie, artista y curador que la invitó.

Después de años de haber estado inmersa en un ambiente estimulado puramente por el “glamur del artista” y de haber logrado una carrera exitosa, la actual directora de la galería Galileo 92 quiso iniciar CICLO, un proyecto que le diera realmente la satisfacción personal que ella buscaba en su carrera: “Después de estar en la galería, que es justo el mundo al que todos los artistas quieren llegar: al mercado internacional y ferias, estar en este pseudoglamur que es la percepción que todo mundo tiene, sentí que mi acción ya había llegado a su límite, que lo que me podía dar a mí, que me llenara, que me hiciera sentir feliz, ya no lo encontraba. Sentía un poco que me estaba marchitando al hablar sólo de retornos de inversión, de curriculums de artistas y transacciones monetarias, cuando en realidad a mí lo que me gusta es hablar de la historia, del contexto, de la biografía, de las reflexiones y de lo que eso puede provocarle a quien tiene una experiencia estética que a veces ni nos imaginamos que puede suceder de manera interna. Eso es lo que yo busco en el arte y es lo que ya no encontraba ahí, y si lo encontraba era muy difícil. Me surgían muchas preguntas: ¿hacia dónde iba mi trabajo en cuanto a la privatización del arte? ¿Para quién estaba trabajando al llevar contenidos? ¿Qué tipos de contenidos estaba desarrollando? Con todas estas preguntas me di cuenta de que había un punto ciego: la periferia, ¿qué se está generando en la periferia? Rezago social, educativo y económico, y eso es un caldo de cultivo para la inseguridad y el crimen. Dejamos en estado de vulnerabilidad, sobre todo, a los más jóvenes. Con el diagnóstico que yo veía, y las bondades, lo maravilloso y lo mágico que también estaba descubriendo mientras estaba realizando el primer proyecto en 2015 de CICLO con la galería, decidí que quería tomar un reto mayor en mi carrera profesional y poder juntar en un proyecto toda mi trayectoria, que incluye producción, gestión, venta, museografía y editorial; le he entrado a todo, desde dirigir la galería hasta pelar cables para hacer piezas sonoras. Todo eso para mí se volvió un reto: el resolver cómo poder llevar contenidos importantes a mis coleccionistas, a gente que me conocía, poder llevar narrativas nuevas de lugares desconocidos, por ejemplo, Tepito, y también cómo poder acercar prácticas artísticas a personas que no tienen las necesidades básicas cubiertas. Eso fue lo que me motivó, que parece una labor titánica, casi imposible, y al parecer esas son las experiencias que me gustan; por otro lado, también el saber cuál es mi labor como historiadora del arte, qué legado es el que me gustaría dejar, qué historia artística y cultural es la que estamos escribiendo hoy en nuestro país, qué cambios estamos sembrando que podemos cosechar en el futuro”.

Ideología

Todas estas preguntas dirigieron su carrera hacia lo que de verdad le apasiona, pues sin duda existe en ella el amor por el arte, pero este amor surge por los efectos y el impacto que el arte puede producir en nosotros. Para Laura Reséndiz, el arte es “ese principio de conexión, ya después, cuando lo puedes ejercer en los museos, en las calles, en donde sea, puedes integrarte, puedes reconocerte, puedes entender tu propia identidad, es lo que te hace sentir parte de algo. También, el proceso creativo es muy similar al método científico: hay que observar, hay que analizar, hay que sacar una hipótesis, hay que probarla, y a través del ensayo y el error podemos ir teniendo resultados diferentes. Entonces, para mí, cuando logras entender el poder creativo y el poder de la transformación que te brinda el arte, lo puedes llevar a otros aspectos de la vida e inmediatamente prendes un chip en lo social porque podemos crear realidades diferentes de las que estamos, en las que podemos imaginarnos personas diferentes a las que somos. Ahí hablamos sobre el tiempo de los procesos, que las cosas no son milagrosas, que se tiene que trabajar para llegar a un resultado, y sucede que cuando todas estas analogías se vuelven colectivas, podemos llevar a un resultado en conjunto si tenemos un objetivo en común. En ese sentido —cuando se hace arte público con una función de querer cambiar un espacio para hacerlo más habitable o más transitable y la organización de todo el ambiente para generar espacios armónicos—, se vuelve como magia porque socialmente también podemos cambiar en lo colectivo hábitos de consumo, de pensamiento o narrativas que ya son anacrónicas; de esta manera es posible adaptarnos para lo que viene en el siglo XXI, en la era digital. El regalo máximo es poder creer en nosotros mismos y en el poder de transformación a nivel personal, colectivo y social”

Retos de CICLO

Las crisis que ha enfrentado, al igual que el mundo cultural en general, ha sido intensificada por la pandemia, es por esto que al igual que muchos otros creadores de contenido, Galileo 92 también ha tenido que adaptarse a la situación actual: “La autogestión y la independencia son muchísimo trabajo porque hay que buscar recursos privados y públicos de patrocinadores, empresas y microempresas para mantener esa independencia, pero también me parece que los gestores culturales y los productores de cultura tenemos que estar mucho más pilas y generar nuevos contenidos que permitan cambiar las narrativas. Por eso, la temática con la que arrancamos Galileo es Pharmakon y la exposición Spandemia de Cristina Ochoa. Ella tiene, por varios años ya, una investigación exhaustiva de las plantas medicinales. En esa exposición de lo que queremos hablar es de una sanación colectiva. Replantear cómo podernos acercar a sanarnos en las dimensiones que cada uno tenga que hacerlo, pero desde lo más básico, desde lo más natural. La otra es Yo me iré y los pájaros seguirán cantando de Filogonio Naxin, una analogía de cuál es nuestra actuación en el planeta, cuáles son los hábitos que tenemos que cambiar porque son negativos y están destruyendo la tierra; nosotros seguimos en una dinámica casi de inercia, en una resistencia al cambio. Lo que queremos, con respecto a las acciones, es reactivar lo más que podamos las ofertas culturales que hay en la ciudad; en contenido, queremos invitar a todos a hacer una reflexión más exhaustiva sobre cuáles son las oportunidades que nos está brindando esta pandemia para cambiar chips o accionar nuevos sistemas que necesitamos en esta adaptación ante la crisis. Aunado a esto, haremos una programación escalonada con inauguraciones cada mes o mes y medio, justo para mantener la dinámica del edificio y tener la posibilidad de abrir en distintos horarios para poder atender a grupos muy pequeños. Esto también es un reto muy grande porque para nosotros representa el triple de trabajo y el triple de gastos, entonces, estamos viendo cómo esto puede ser sustentable, entendiendo que también tenemos que adaptaron en un mundo digital”.

Todo lo que se hace en CICLO es gratuito, aunque es un espacio cerrado y privado los accesos son para todo público. La venta de obras les ayuda a mantener los programas en las comunidades: “En realidad, en este tipo de proyectos yo nada más soy un cachito en el engrane, pero es una invitación a que todos participemos de una u otra forma en lo colectivo”.

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Aline Carrizal