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Arturo Romero, una vida como violinista Arturo Romero, una vida como violinista
Arturo Romero toca como solista con prestigiadas orquestas. Es un deleite escucharle y apreciar el arduo trabajo que un músico prodigio nos puede obsequiar.... Arturo Romero, una vida como violinista

Arturo Romero toca como solista con prestigiadas orquestas. Es un deleite escucharle y apreciar el arduo trabajo que un músico prodigio nos puede obsequiar.

La música es una de las artes que nos enriquece el alma y nos hace soñar con una vida mejor, nos encanta el corazón y nos acompaña en nuestras tristezas y añoranzas. Cada músico es diferente, tiene su sonido, su manera de tocar según su preparación y experiencias, pero en general su deber es forjarse como un diamante en bruto y pasar por muchas pruebas, arduas horas de estudio, sufrimiento tanto físico como mental y vivir muchas experiencias para lograr destacar.

¿Pero por qué estudiar una carrera tan difícil? Arturo Romero nos contesta que, al nacer en una familia de músicos, la música formó parte de su infancia y sus juegos diarios de niño. Él asegura que su talento lo desarrolló gracias a su madre, una gran violinista y dedicada maestra del Conservatorio Nacional de Música, pues fue ella quien lo inició en este arte y le enseñó todas las bases para ser músico; por si esto fuera poco, su padre, con quien tocaría más adelante, también estudió música con ella. De esta manera se configuró su infancia, la cual considera fue perfecta para llegar a ser quien es ahora.

Arturo nos dice que cuando escuchó por primera vez los discos de vinil clásicos que su madre le ponía, supo inmediatamente que eso era lo que quería hacer el resto de su vida: un violinista destacado. Una de sus piezas favoritas cuando tenía sólo cinco años y con la que aceptó el desafío de interpretar fue Concierto para violín y orquesta en re mayor Opus. 35 de Tchaikovsky, el cual tocaría más adelante en la majestuosa sala principal de Bellas Artes. Su pasión por la música dota a sus interpretaciones con un sonido fino, bien educado, y con un virtuosismo estremecedor que nos hace creer que tocar el violín es fácil.

Pero antes de adentrarnos en su vida temprana, quisiera platicarles del instrumento. El violín ha sido uno de los principales y más amados instrumentos de todos los tiempos, desde hace más de cuatrocientos años. Su existencia se debe a Antonio Stradivarius, Giuseppe Guarneri del Gesú, ambos de Cremona, y al austriaco Jakob Steiner, quienes desarrollaron una exquisita habilidad para su construcción, por tanto, Cremona y Brescia se convirtieron en los centros más importantes de construcción de violines desde 1550. El violín bien podría ser una evolución de dos instrumentos de cuerda frotada: la fídula, también denominada rabel, y la lira da braccio, instrumento con bordones separados del diapasón. El violín es un instrumento cuya perfecta y laboriosa construcción en madera consta de cuatro cuerdas que se afinan en intervalos de quintas. Comparado con los instrumentos modernos, el violín antiguo tenía un mango más grueso, menos inclinado hacia atrás, un diapasón más corto, un puente más bajo y cuerdas hechas sólo de tripa; también, los arcos antiguos eran algo diferentes en su diseño de los actuales. Estas características constructivas fueron modificadas en los siglos XVIII y XIX para producir un sonido más duro y brillante.

Arturo Romero (1971) nació en la Ciudad de Puebla, México. Él nos cuenta cómo su madre lo acercó a la música: a los cinco años tomó el violín y tratando de imitar partes del concierto de Tchaikovski tocaba para sus tíos, desde entonces su madre le enseñaría las bases para tocar con ella duetos a tan corta edad. Cuando estuvo preparado ingresó al Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México bajo la tutela del maestro Enrique Espín Yépez, asistente técnico del maestro Henryk Szeryng. Más adelante se adentraría en el mundo internacional a través de la Universidad de Houston, Texas. Siendo alumno de la gran maestra Fredell Lack tomó clases magistrales con prestigiados músicos como Uri Pianka, Vladimir Spivakov, Sydney Hart, Pinchas Zukerman, Itzhak Perlman, Henry Rubin, Joseph Silverstein, Mark Peskanov, Joshua Bell y Gil Shaham. Arturo nos dice que el momento decisivo en su vida fue cuando aprendió cómo era la competencia y el alto nivel de exigencia en otros países, esto le ayudó a esforzarse más para destacar como músico consagrado.

A partir de este momento los triunfos llegaron. Primero, fue ganador del Primer Premio de la Juventud de la Sinfónica del Estado de México (1988). Posteriormente, obtuvo el primer lugar en los concursos de violín Henryk Szeryng (1989), Hermilo Novelo del Conservatorio Nacional de México (1990), Nuevas Generaciones de la Filarmónica de Jalisco (1991) y el Premio Ciudad de Xalapa (1992); segundo Lugar en el Festival Bach organizado por la Filarmónica de la Ciudad de México (1990) y participante en el Concurso Viotti en Vercelli, Italia (1988). También obtuvo la medalla Cinthia Wood Violin Competition en el Texas Music Festival en 1991 y 1993. En 1993 obtuvo el primer lugar del Concurso Internacional de Intérpretes de la Sinfónica de Galveston con su interpretación del concierto de Tchaikovski para violín y orquesta bajo la dirección de Richard Pickar. Pero no es todo, los triunfos continuaron permitiéndole destacar como un músico digno entre los grandes. Se cuenta que el mismo Mtro. Szeryng manifestó sus elogios para Arturo Romero vaticinándole una carrera llena de grandes triunfos. Actualmente, Arturo Romero toca como solista con prestigiadas orquestas, en festivales de cámara y duetos en diferentes partes de México. Es un deleite escucharle y apreciar el arduo trabajo que un músico prodigio nos puede obsequiar.

Cierto es que en México es difícil sobresalir por tu talento, ya que lamentablemente en el país se ha perdido el sentido de impulsar el arte y a los verdaderos artistas. Aun siendo muy bueno, las audiciones en orquesta tienen dadas las plazas entre quienes ya se conocen. Arturo nos cuenta que no ha recibido ayuda del gobierno en ningún momento y que su manera de apoyarse, por ejemplo, cuando estuvo en Italia estudiando, fue gracias a fundaciones como los Rotarios, que son asociaciones de personas altruistas que apoyan las grandes obras humanitarias y diversos proyectos. Él nos dice que sería bueno tener más orquestas en México y así poder asegurar trabajo para los futuros músicos que en la actualidad terminan tocando en fiestas de entretenimiento, misas o como animadores de eventos. Estos músicos se están preparando como ejércitos de atriles para orquestas, pero al salir del conservatorio no encuentran trabajo porque todo está ocupado y no hay nuevas orquestas donde demostrar sus talentos.

En prestigiosas escuelas como Berklee College of Music, la Julliard school, el Cleveland Institute of Music o la Royal Academy of Music no sucede así. Ingresar a una escuela de este calibre es muy difícil, se deben demostrar las ganas y el talento para ser músico, pues, como se ve, vivir de la música no es tan fácil como parece. Ser músico es amar la música por sobre todas las cosas, tener aptitudes y estar dispuesto a estudiar cuanto sea necesario para lograr la excelencia. Esto hay que demostrarlo no nada más en una audición, sino en el escenario donde no puede haber dudas ni equivocaciones. Aun así, no hay satisfacción más grande que sentir en el escenario cuando has logrado interpretar un concierto y transmitir exactamente lo que sentías por dentro, tal y como lo hace Arturo Romero, con esa pasión y esmero que tanto es ovacionada por el público.

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A. Naibí Domínguez

A. Naibí Domínguez

Músico egresado del Conservatorio Nacional de Música como concertista de percusiones. Pintora de nacimiento por el maestro Benjamín Domínguez con quien estudió y trabajó hasta sus últimos días; además estudió las técnicas antiguas de pintura con el maestro Luis Nishizawa. Cuenta con una licenciatura en Docencia del Arte. También formó parte de orquestas incluyendo la Sinfónica Nacional y como solista. A expuesto en museos como La Casa Redonda de Chihuahua y El Festival de Almas, en Valle de Bravo, entre otros.